Tolita

La cultura Tolita se extendió desde el estuario del río Santiago y Cayapas, en la provincia de Esmeraldas, hasta la región de Tumaco, en territorio colombiano. Sus sitios arqueológicos se distribuyen en las zonas costeras y en las estribaciones de la cordillera Occidental, zona de abundantes bosques, lluvia y humedad. Gozó de una posición geográfica privilegiada, ya que su territorio daba al mar, islas y ríos navegables; esto favoreció la relación y el comercio con otras culturas. Su nombre deriva de las varias tolas, o sitios funerarios en forma de pequeñas montañas de tierra, que se encontraron en sus territorios y que servían también como estructuras sobre las cuales edificaban sus construcciones.

Su economía se basaba en una combinación de agricultura y pesca. Su organización social serviría como marcador y modelo para culturas posteriores, principalmente en la región Costa. La cultura Tolita se manejaba jerárquicamente por clases sociales. Consistía de un grupo numeroso de agricultores y campesinos, otro más pequeño y sumamente especializado de orfebres y artesanos, y finalmente de un grupo incluso más reducido: la élite gobernante que dirigía los aspectos sociales, políticos y económicos desde centros semiurbanos.

El arte Tolita se caracterizó por figuras cuidadosamente detalladas y de estilo realista. Son abundantes las representaciones de criaturas míticas, mitad humano mitad animales como la serpiente y el jaguar. Fueron una de las primeras sociedades en desarrollar la metalurgia en Ecuador y también uno de los primeros en el mundo en trabajar el platino. Elaboraron obras a partir del modelado a mano libre en arcilla, el tallado en madera, la metalurgia, la orfebrería con calado, repujado y ensamblado, y la talla lítica para artefactos funcionales como hachas o ralladores. También trabajaron con piedras semipreciosas como el cuarzo, la esmeralda, el ágata y la turquesa, que engastaban en joyas de oro y plata.