EL ALABADO SEGÚN

2021-06-06 20:25:49

Un espacio para conocer el museo desde otras perspectivas, a través de obras de arte e ideas inspiradas en la colección. Te presentamos a ocho artistas que formaron parte de la primera edición del Alabado según:

Natalia Espinosa
(Quito, 1976)
«El Museo del Alabado es un respiro en medio de la estridencia. Me alegra tener este espacio en el que puedo conectarme con las mujeres ceramistas que habitaron este territorio, dialogar con sus piezas, su refinamiento, el placer y el humor con el que fueron creadas. Contemplar su colección me inspira, me recuerda la delicadeza y sutileza que alguna vez existió en esta parte del mundo.
Las maquetas de vivienda de la cultura Tolita son algunas de las piezas que más me atraen; me inspiré en ellas para modelar representaciones de casas de mi entorno urbano, preguntándome si la penumbra generada sería igual de evocadora”.

Sofia Acosta ‘La Suerte’
(Quito, 1988)
“Cada vez que visito el Museo del Alabado siento que es un nuevo recorrido. En cada visita encuentro nuevas piezas, formas y detalles que contemplar. Al entrar, las piezas, la casa, la museografía, los espacios vacíos me envuelven y me recuerdan el inevitable paso del tiempo, su rastro en nosotrxs mismxs y en lo que nos rodea.
Desde hace cuatro años, trabajo investigando alrededor de pigmentos naturales que se utilizan actualmente en el Ecuador. He encontrado pocos pigmentos que se adhieran al papel y que no se desvanezcan con la luz o el tiempo. En un principio, este desvanecimiento me preocupaba y buscaba maneras de que las obras se mantuvieran intactas. Ahora, la transformación que ocurre en ellas me intriga. Es por eso que encuentro fascinantes las piezas del Alabado que conservan el color.
Recuerdo que en una visita al Alabado, Jimena Muhlethaler (mediadora educativa) me comentó que el reto está en imaginar los colores originales de las piezas, pues el paso del tiempo ha determinado nuevas tonalidades. Poder imaginar de dónde salieron esas cromáticas hace de mi visita al Alabado toda una experiencia”.

Ache, “HTM”, Vallejo
(Zaruma 1986)
«El Alabado es de mis museos y espacios favoritos de la ciudad. Disfruto mucho de su arquitectura y de su museografía, porque me permiten relacionarme con las piezas y descubrir nuevos detalles en cada visita. El Alabado es para mí un espacio de aprendizaje y reflexión.
Su colección me genera curiosidad en torno a la reproductibilidad que manejaban las culturas costeñas precolombinas, haciendo uso de la arcilla. La cultura Jama-Coaque, sus sellos y sus formas de estampar y reproducir imágenes, signos y símbolos, han sido un referente para mi trabajo durante los últimos 5 años.
Me gusta jugar y experimentar con la estampa y/o la huella, como repositorios y documentos que hablan de nuestros entornos, los pasados y las conexiones con nuestros presentes.
En esta serie de sellos, confeccionados con corchos, palos de escoba y caucho, se entrelaza la iconografía de los sellos precolombinos con diseños propios. Sus formas se deslizan sobre el papel, plasmando el movimiento de los equinoccios y solsticios que rigen los cambios estacionales y alinean la tierra».

Orígenes, estudio de diseño
“El Museo Casa del Alabado es un espacio de inspiración y de diálogo con nuestras raíces. Los objetos que encontramos aquí son memoria viva de la relación de nuestros ancestros con el mundo y como seres de este territorio.
En nuestro proceso creativo nos gusta tomar al Museo como punto de partida para preguntarnos de dónde venimos y poder crear cultura material para expresar cómo nos vemos mediante formas, materiales y usos. ‘Bombona’ está inspirada en la cultura Chorrera, una de nuestras favoritas. En el Alabado conocimos las exquisitas botellas silbato de esta cultura, y la interpretación de la guanábana en la textura de una de ellas nos inspiró a reinterpretarla para nuestro entorno cotidiano”.

Juliana Mones de Oca
“El arte precolombino es magia viva. En lo formal, el grabado se relaciona mucho con la cerámica y talla precolombina, algo que se puede apreciar sobre todo en los relieves. Las visitas al Museo Casa del Alabado siempre me llenan de ideas y sentimientos propicios para crear. Las piezas que más me hablan, pertenecen a varias culturas que habitaron la sierra, la costa y la amazonía, pero que seguramente transitaron entre estos espacios.
Las Ucuyayas del Museo, por ejemplo, son amuletos colgantes de protección tallados en concha y que han sido encontrados en la sierra, en asentamientos de la cultura Cerro Narrío. Pienso que los materiales y la forma de uso de estos amuletos denotan su relevancia y cercanía al cuerpo. Además me parecen una huella importante de una cosmovisión, de la conexión con el inframundo y el respeto a los muertos.
Las piezas de la cultura Cosanga-Panzaleo por otro lado, son de mis favoritas por sus formas grandes y redondeadas. Cuando era pequeña pensaba que Panzaleo significaba que leían con sus barrigas. Así mismo, las figuras antropozoomorfas con características felinas de la cultura Tolita, comunican poder y fuerza. Son piezas que llaman a la activación.”

Mo Vásquez
“Para mí, las culturas precolombinas ecuatorianas son un verdadero patrimonio estético, gráfico y de técnica manual dominada hace miles de años por habitantes del mundo precolombino.
A lo largo de los años, mi obra se ha visto influenciada por estas tradiciones visuales. En 2011 mi tesis de graduación en Diseño se basó en las ‘Venus de Valdivia’, piezas de las que el Museo Casa del Alabado tiene varios ejemplares. Creo que ese fue mi primer acercamiento al museo, donde las visitas me brindaron la información necesaria para desarrollar mi trabajo.
Hace tres años, me encuentro explorando y pintado la selva, especialmente la flora y el mundo felino de la Amazonía ecuatoriana. Tuve la suerte de viajar por las provincias de esta región y de ver representaciones de felinos salvajes hechas por la cultura Omagua que evocan la relación de estos animales con la naturaleza, con la comunidad y con contextos rituales como el chamanismo.
En el Museo Casa del Alabado descubrí varias figuras que guardan relación con mi investigación de felinos salvajes. Una en particular pertenece a la cultura Jama-Coaque, y aunque no es una pieza fácil de decodificar, pude abstraer y plasmar el misticismo, la belleza y ferocidad de lo que para mí es un chamán transformándose en un animal con rasgos felinos, rodeado de incisiones de sellos geométricos”.

Jazz Buitrón
«En el mundo precolombino, las plantas tenían usos alimenticios, medicinales y espirituales. Mi interés se centra en su función espiritual, por el vínculo que encuentro entre el consumo de plantas sagradas y el crecimiento personal, una visión del mundo que considero que se está perdiendo. Mi trabajo artístico es, en gran parte, una vía para intentar comprender las culturas de quienes estuvieron antes que nosotros, que entendieron la vida con otras perspectivas y cuyas representaciones hoy nos siguen enseñando.

La hoja de coca fue usada por varias culturas y masticarla tenía un importante valor ritual. Su consumo favorecía las capacidades adivinatorias, ayudaba a calmar dolores del cuerpo y a mitigar el cansancio. Se acostumbraba mezclarla con cenizas de otras plantas o con cal de conchas en una mezcla conocida como «llipta», para así fortalecer sus efectos o darle un sabor especial.

Hace unos años visité de manera regular el Museo Casa del Alabado y tuve tiempo para observar con detenimiento los detalles de las piezas que representan el consumo de la hoja de coca. Cada visita me permitía una lectura fresca. Una de las figuras que captó mi atención es la de un chamán de la cultura Jama-Coaque que tiene en sus manos una caja y una espátula de llipta. El chamán es quien administraba el consumo de las plantas sagradas y, en general, quien impartía conocimiento. Otra figura potente, aunque más sencilla, pertenece a la cultura Pasto. Se trata de un hombre sentado masticando coca. Su postura podría referirse a un sacerdote o personaje que también tenía conocimientos superiores sobre las plantas.

Todavía me pregunto si ambas figuras apuntan la mirada al cielo o si se encuentran en estado de meditación. De cualquier forma, veo en ellas un acto de introspección para adquirir información valiosa para la convivencia”.

Teo Monsalve
“El Alabado es una máquina del tiempo. La luz, la museografía y la casa me permiten separarme del Quito contemporáneo por un momento. Es un portal para sentir la presencia de los objetos y sus espíritus, un espacio donde hay una posibilidad más palpable de lo visible y lo invisible. Prefiero ir solo porque así puedo adentrarme en conversaciones profundas con estas presencias a través de diálogos contemplativos, imaginarios y alucinógenos. Cada pieza, y no es una exageración, es una vertiente generativa de ideas.
Desde hace 2 años vengo trabajando un proyecto titulado ‘El Sector Oculto’, que toma como punto de partida los momentos ocultos de la historia y los conocimientos que se perdieron durante los procesos de colonización. Está por ejemplo el conocimiento astronómico de culturas como Pasto, cuyos platos de cerámica han sido interpretados como gráficos de astros.
Al visitar la colección del Museo en línea, me encontré con una figura Pasto que me abrió un portal a la fabulación.
Al conectar las ideas de los platos con los diseños de la tableta que la figura sostiene en su mano, imaginé que este personaje es un astrónomo en un estado de observación profunda. Mi pensamiento tentacular empezó a entretejer una red de conexiones y de ésta emerge mi obra.
El Astrónomo de Pasto es una pintura al óleo y acuarela sobre un inkjet print de la constelación Argo Navis. Esta obra colapsa varios mundos: el de la constelación clásica occidental con el mundo de la astronomía precolombina; el de la gráfica y grabado al aguafuerte iluminado a mano con las nuevas tecnologías de reproducción; y el del color inspirado en los cómics de ciencia ficción de Moebius con la pintura al óleo, matriz del arte occidental convertida en multiverso por la globalización.
Mi interpretación está lejos de ser antropológica o arqueológica, es una fabulación especulativa sobre lo que mi intuición me lleva a imaginar”.

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