Metales de los Andes
‘No todo lo que brilla es oro’ es una exhibición que busca explorar en toda su amplitud los metales y sus posibles roles, simbolismos, significados y valores para los pueblos precolombinos del actual Ecuador. Esta exploración incluye su circulación y función en los circuitos de intercambio, tanto de materia prima, como a nivel de objetos acabados y en cuanto a su papel como vehículo de símbolos e ideas.
Los procesos técnicos en torno a la metalurgia serán también abordados a partir de los objetos bajo custodia del museo. La exploración de la temática, que incluye la indagación de las técnicas y tecnologías en torno a la metalurgia, se apoya en objetos identificados como herramientas para producción metalúrgica en la colección.
La exhibición busca mostrar los resultados del proyecto de investigación y restauración de los objetos metálicos de la colección, iniciados en el 2019 en conjunto con el Instituto Nacional de Patrimonio Cultural. Estos no solo han contribuido al desarrollo de procesos y técnicas de restauración novedosas y específicas para estos objetos, sino que además, han asistido a dar nueva vida a las piezas y garantizar su continuidad y supervivencia en el tiempo a través de su correcta conservación.
Ejes:
SIMBOLISMO Y RESPLANDOR
El simbolismo de los metales se manifiesta no solo en la cromática del oro, plata, platino y cobre, sino también en su iconografía singular, su sonoridad y su belleza. Vinculados a ciclos cosmogónicos, los metales fueron emblemas de poder y desempeñaron un papel central en la ritualidad social. Se les atribuyó la capacidad de conectar lo divino con lo terrenal, pues así expresaban la simbiosis entre la vida y la muerte. El dominio del fuego permitió a los creadores prehispánicos plasmar su cosmovisión en objetos de extraordinaria calidad y profundo significado.
EL VIAJE DE LOS METALES
Los metales articularon la geografía americana desde los Andes centrales hasta Mesoamérica. Su circulación estuvo marcada por el trabajo de canasteros y navegantes, quienes facilitaron el intercambio de otros materiales como cobre, concha spondylus, madreperla, lapislázuli y frutos como el cacao. Los vestigios más tempranos de este último en América (3500-1700 a.C.) han sido hallados en piezas de la colección del museo. El viaje de los metales fue también el de las tecnologías e ideas que unieron a los pueblos del pasado.
CONSERVAR PARA EL FUTURO
Los objetos que han perdurado hasta nuestros días reflejan la maestría de la metalurgia prehispánica. Herramientas como toberas, crisoles, bandejas, yunques, martillos y cinceles evidencian las técnicas empleadas en la creación de piezas laminadas, fundidas y finamente decoradas.
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El metal solar
El oro, metal asociado a la riqueza y al poder en el mundo occidental, fue comprendido por ciertas culturas del mundo precolombino como una materia ligada a lo incorruptible, lo inmortal y a las cualidades divinas del sol, debido a su brillo y tonalidad dorada.
Los artefactos y ornamentos elaborados en oro trascendieron lo meramente decorativo para integrarse a las dimensiones rituales y simbólicas de estas sociedades. En el caso de culturas costeras como la Jama-Coaque, elementos naturales como conchas y moluscos, utilizados como indicadores climáticos que marcaban los ciclos agrícolas, fueron representados con gran refinamiento en un metal asociado a lo solar. De este modo, se construyó una simbología compleja que articulaba observación del entorno, ciclos astronómicos y su influencia sobre el clima.
Collar de cuentas y caracoles en lámina repujada de oro. Jama-Coaque (300 a. C.-1532 d. C.) -

Mujeres en la metalurgia
¿Participaron las mujeres en los procesos metalúrgicos precolombinos de los Andes septentrionales? Aunque en los últimos años se ha profundizado en el estudio de los roles femeninos dentro de las actividades mineras, persiste un vacío en la investigación sobre su participación en la metalurgia y la orfebrería.
Si bien su agencia en este campo aún no se conoce con precisión, su presencia se sugiere a través de representaciones como estas figurinas femeninas de la cultura Jama-Coaque Jama-Coaque (300 a. C.-1532 d. C.), identificadas como orfebres por el arqueólogo e historiador Olaf Holm. En ellas, las figuras portan una caja de joyas sobre el regazo, lo que abre la posibilidad de repensar el lugar de las mujeres en la producción y transmisión de saberes metalúrgicos.
Figura cerámica femenina. Jama-Coaque (300 a. C.-1532 d. C.) -

Metal: insignia de sabiduría
Las personas que portaban saberes relacionados con el clima, la agricultura como fuente principal de alimentación, el territorio y las formas de vida podían ocupar cargos de alta jerarquía en sus respectivas sociedades. Esta corona o cinturón de la cultura Pasto (700–1500 d. C.) pudo haber sido utilizada por una persona con este tipo de conocimientos, como un distintivo de su autoridad y posición social. Presenta iconografía repujada con motivos geométricos, antropomorfos y zoomorfos, que posiblemente representan zarigüeyas o monos.
Corona o cinturón en lámina repujada de oro. Carchi Pasto (700 -1500 d. C.) -

El resplandor del cobre
En el mundo precolombino, metales como el cobre y la plata, así como materiales como la Spondylus y el cuarzo, fueron valorados no solo por su utilidad, sino también por los profundos significados simbólicos que portaban. Mientras el oro se asociaba a lo divino y lo eterno, el cobre, al oxidarse y por su carácter perecible, podía vincularse con lo humano y lo terrenal.
Este objeto podría corresponder a un cuchillo ceremonial de la cultura Manteño-Huancavilca (600-1532 d.C.), elaborado en cobre arsenical, probablemente proveniente de fuentes ubicadas en lo que hoy es Perú y obtenido mediante redes de intercambio. Su manufactura, que incluyó técnicas de vaciado, pulido y posible soldadura, da cuenta del alto nivel tecnológico y la experticia alcanzados en el trabajo de este metal.
Cuchillo ceremonial. Cobre. Jama-Coaque (300 a. C.-1532 d. C.)






