Camino de Acuña: Reliquias  y relicarios de dos mundos

2013

¿Es posible establecer puentes entre la sacralización del cuerpo y la veneración de los antepasados entre mundos tan dispares como el occidental y el precolombino?

En 2013, la exhibición “Camino de Acuña: Reliquias y relicarios de dos mundos” puso a dialogar reliquias del periodo colonial con urnas funerarias de la cultura Napo y Manteño-Huancavilca. La muestra utilizó como punto de partida un extracto de las crónicas del jesuita Cristóbal de Acuña en su viaje a lo largo de Amazonas en 1639, en el que compara la veneración del cuerpo del chamán en la Amazonía con el culto a las reliquias cristianas:

«Con cierto género de veneración, como si fueran reliquias de santos, van recogiendo todos los huesos de los hechiceros que mueren, los cuales tienen colgados en el aire, en las mismas hamacas en que ellos dormían en vida».

Esta analogía nos invita a explorar de qué manera los conocimientos occidentales con respecto a la muerte, e incluso el mandato religioso de la época que promovió el culto a las reliquias de santos y mártires, condicionaron la apreciación del autor-viajero sobre las prácticas espirituales que observó en la Amazonía. Este ejercicio crítico es imprescindible a la hora de aventurarnos a hacer lecturas sobre el pasado y la alteridad de otras culturas.

Piezas destacadas
  • Relicario

    Las reliquias son objetos o fragmentos de materia con un significado y valor fuera de lo común, por su asociación con santos y mártires. En el mundo cristiano, huesos, cabello y uñas, así como vestimentas y otros objetos, se exhiben y depositan en relicarios cuidadosamente elaborados y decorados. El valor de los relicarios no radica únicamente en su contenido, sino en su propia apariencia y materialidad que, en ocasiones, funciona también como un retrato, reconstituyendo el cuerpo difunto a través de la imitación.

    Relicario con pedazos de la cruz de Santa Mariana de Jesús. Casa Museo María Augusta Urrutia. Siglo XX.
  • Urna funeraria

    Al igual que los relicarios cristianos, las urnas funerarias de la cultura Napo no solo preservan los huesos de los ancestros, sino que su forma hace alusión al cuerpo humano. La reverencia ofrecida a los ancestros por algunas culturas precolombinas, al depositar al difunto en urnas y enterrarlas con cuidado, podría ser comparada con la devoción cristiana a las reliquias.

    Urna funeraria Napo (1200-1532 d.C.). Colección Museo Casa del Alabado.
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    • Miércoles a domingo

      9h00 a 17h30

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    • Entrada general USD 6
      Tercera edad nacionales USD 3
      Niños y niñas de 4 a 12 años USD 2
      Estudiantes con carnet USD 2

      Personas con discapacidad, guías nacionales de turismo y niños menores a 4 años tienen entrada libre.

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